Hoy me siento mal, pero eso no impide que quiera salir a caminar con mi cámara colgada al cuello, tengo 38 grados, tengo fiebre, pero necesito salir, no resisto estar encerrada en mi casa, no me siento muy enferma tampoco.
Aproveche a que salieran todos para poder salir, me di cuenta que necesitaba eso, el aire que se respira en mi casa en mi casa me hace daño, me asfixiaba, estar en la calle me relaja aunque sueñe extraño, bastaba con sentarme en el pavimento a observar a la gente en silencio, yo en complicidad con mi cámara.
Es curiosa la manera en la que sabia las costumbres de mis vecinos, la manera en la que se comportaban, sus horarios de salida y sus juegos en las tardes, todo lo había visto mil veces desde mi ventana, pero esta vez salí a observar, en tiempo real. Y me di cuenta habían detalles de estas personas que estaba ignorando, me dedique a observarlos minuciosamente, cual asesino vigila a su próxima victima, les iba tomando fotos de paso, como caminaban, conversaban, sin que ellos de dieran cuenta yo iba capturando un momento de sus vidas, porque eso es lo que hace una foto, captura un momento, un segundo en la vida de la gente, porque ellos no estaban posando, estaban actuando de manera natural y yo estaba capturando ese momento de sus vidas.
Estoy empezando a sentir frío pero quiero ir por una película, una película que me gusta mucho y que e visto mil veces, pero el DVD que tenía se rayo y debo ir por otro antes que me duela mas la espalda y el malestar se acreciente.
Tomo una ultima foto antes de entrar a mi casa pero no de la gente de la calle, tomo una a la casa de mis abuelos, mi abuelo como siempre sentado en el sillón central leyendo un diario y mi abuela arreglando para ir a la iglesia y los perros dormidos al lado de los muebles, las fotos que tomo son en blanco y negro porque le da un toque antiguo pero a la vez les da realidad, algo que puede sonar extraño pero asi lo percibo yo.
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